Por Edwin Cuello
Procurador Fiscal
La historiografía dominicana ha inmortalizado a Francisco del Rosario Sánchez como el estratega de la Puerta del Conde y el Mártir de El Cercado, de San Juan de la Maguana.
Sin embargo, existe una faceta técnica y profesional que fundamenta su legado en la institucionalidad del Estado: su rol como precursor del derecho penal republicano.
Tras la proclamación de la independencia en 1844, la naciente nación enfrentaba el reto de construir un sistema judicial propio sobre las bases del Código Napoleónico, y fue en este escenario de transición donde la Junta Central Gubernativa designó a Sánchez como el primer fiscal de la República Dominicana, desempeñando funciones ante el Tribunal de Apelación de Santo Domingo.
Su formación previa como defensor público le otorgó una visión integral del proceso penal, sentando las bases de lo que hoy conocemos como el Ministerio Público: un órgano encargado de representar los intereses de la sociedad y garantizar el debido proceso en la investigación y persecución del delito.
Esta trascendencia profesional ha sido formalmente reconocida por el Estado moderno a través del Consejo Superior del Ministerio Público de la República Dominicana, el cual determinó declarar el 9 de marzo de cada año como el Día del Ministerio Público (Día de los Fiscales Dominicanos).
Esta decisión se fundamenta estrictamente en la trayectoria de Sánchez como el primer fiscal de la etapa republicana, vinculando el natalicio del prócer con la efeméride institucional.
Al consagrar su figura como el referente ético y técnico de la persecución penal, se establece que la función de investigar y perseguir el crimen en la República Dominicana nace de la misma raíz que la libertad nacional, elevando su labor en el estrado al nivel de sus hazañas militares.
El compromiso de Sánchez con la nación alcanzó su máxima expresión en su defensa ante la historia con su célebre frase: «Y si alguien intentase mancillar mi nombre, decidle que yo soy la bandera dominicana».
Esta declaración no es solo un arrebato de patriotismo, sino un código de ética para el servidor judicial contemporáneo, donde el honor personal y el símbolo patrio resultan inseparables. Bajo esta premisa, los fiscales del Ministerio Público de la República Dominicana, en su rol constitucional de investigación y persecución de los crímenes y delitos, fundamentan hoy todo su accionar en los principios de la Constitución y el respeto absoluto a la dignidad humana.
Su ejercicio profesional se rige bajo la tríada de Dios, Patria y Libertad, entendiendo que la persecución del delito es el baluarte contra la impunidad y la garantía de una sociedad soberana.
En conclusión, Francisco del Rosario Sánchez representa el ideal del «Magistrado de pie»: valiente frente al crimen, pero sumiso ante la ley.
Su vida, culminada trágicamente como el Mártir de El Cercado tras su captura en las montañas de San Juan de la Maguana, recuerda a los fiscales actuales que su función no es solo técnica, sino profundamente patriótica.
Cada acusación presentada y cada delito investigado bajo el marco del debido proceso constituye un acto de defensa de la bandera que Sánchez juró proteger, demostrando que la justicia es el único camino para mantener la integridad de la República que él ayudó a fundar.











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