Por: Ysmael Molina Carrasco
Marcos Aurelio fue el último de los denominados buenos emperadores de Roma, un estoico, filósofo, político y militar que se enfocó en la virtud, la justicia y el deber. Su nombre ha sido copiado en actas de nacimientos de todo el mundo con conciencia o no de lo que representa. Fue sustituido en el gobierno por su hijo, Cómodo, quien no estuvo tan cómodo en la dirección de Roma.
Dos mil años después, en una pequeña isla que jamás fue territorio de ultramar de Roma, pero que ha sido gobernada siempre, pequeños intervalos de excepción, como provincia de ultramar más que como nación libre, en medio del más recalcitrante Lawfare de la historia mundial, otro Aurelio, Valdez, de las fecundas tierras sanjuaneras, es publicado por su propio cuerpo institucional como un ente del mal y agente de la corrupción.
Este joven fiscal, que fue parte de los procuradores pretorianos de la era Abinader que llevaron al patíbulo a los contrarios políticos del PRM, jamás pensó en que sería carne de cañón, jamás creyó capaz a sus capaces colegas y compañeros, de hacerle lo que sí sabía que se le hacía a los enemigos del gobierno, perdón, a los contrarios, porque la andanada persecutoria nació antes de poder siquiera pronunciarse en contra del gobierno.
Vejado, disminuido, arrestado, asesinado moralmente, blandido como sinónimo de mal con una sola intención, claramente colable de este accionar institucional, usted podrá escoger entre estas opciones, ó reparar la institución, Ministerio Público, hacia adentro ó dañar algo que políticamente conviene a alguien.
Muy reducidas opciones, ¿verdad? Lo lamento. Es que hay que reducir espacio para la publicación.
Si se quiere arreglar la institución, Ministerio Público, ¿Era menester todo este ruido? Hacerle caminar por el pasillo social, de gente que busca, anhela, desea, añora culpables, un rostro a quien odiar, alguien a quien cargar sus desalientos e impotencias, sus frustraciones y deseos de mal de muchos que jamás tendrá consuelos de tontos. Tildarlo de malévolo fue decisión de la cúpula del Ministerio Público, ¿Qué reacción esperaban de sus demás colegas? Quizá que lo anatemizaran, que escupieran su memoria, que borraran su existir institucional, que pusieran toda la distancia posible, que le instituyeran como un referente de lo que no se debe ser.
Y luego recordamos que este fiscal ha sido pieza clave en múltiples investigaciones sonoras del Lawfare dominicano del periodo 2020-2028 en los que no hubo denuncias de comportamiento inadecuado alguno, los imputados peledeistas no parecen gustar de sobornar.
Y el comportamiento de la cúpula, que busca una reacción sin un estudio de contención de daños hacia la institución, la institución, que en nada parece ser lo que importa, pues esta misma cúpula, que enarbola discursos de santos impolutos, y la carga contra un fiscalito negrito de provincia, tuvo un trato diferente con esos delincuentes confesos como Girón, a quien ratificó un acuerdo de impunidad parcial, Ramón Emilio Jiménez Collie (Mimilo) que por miles de millones de pesos siquiera se menciona en los mismos periódicos que han masificado esta desgracia institucional de un fiscalito, y qué decir de Bolívar Ventura, Francisco Pagán y José Pablo Ortiz Giráldez, este último presente en varios procesos de corrupción; Calamar, Cobra; en cuyos montos globales de dineros diez mil dólares parecerían un pequeño lunar en un cuerpo obeso o una arena diminuta en una playa caribeña, y los mismos acusadores de hoy son los prohijadores de sus parciales impunidades de ayer.
Así que queda el otro punto, dañar algo. ¿Pero qué?
El caso investigado y el presunto instigador son parte del gubernamental proceso “Senasa”, que involucra más de cien mil millones de pesos, en los que también, diez mil dólares o su equivalente, seiscientos mil pesos, son una gota de agua en el mar de lo robado, pero, este caso no es de lawfare, no es de contrarios, es de amigos del presidente mismo, compañeritos del partido de los que mandan y a los que sirve la cúpula del Ministerio Público. ¡Dañar Senasa es favorecer al gobierno! Conviene entonces que un fiscal, quizá unos más, pueda salir afectado y que su afectación pueda afectar dicho caso.
Empero, hay un asunto más, ningún fiscal en el país tiene potestad para excluir a un imputado, ninguno, siquiera un titular, tiene facultad de archivar, acordar, pactar u otorgar soluciones alternas sin la autorización de dos únicos facultados para ello en todo el ministerio público, así que, salvo para que sea negligente en hacer el cuestionario, o flojarles las esposas, bajarles a la intensidad del aire acondicionado, brindarle un vaso de agua, todos derechos de los imputados o investigados, un fiscal como Aurelio Valdez, no tiene fuerzas para excluir a nadie, archivarle a nadie o hacer algo que favorezca a un imputado, cosa que solo dos fiscales pueden hacer, lo que hace de este cuento, uno cojo y de la trama, una muy mala.
Al final la corrupción, que no se limita a aceptar dinero, robar, enriquecerse, sale ganando.
Y el caso SENASA que obligó al presidente a decir que ‘tenía amigos y no cómplice’ y a poner distancia con aliados, amigos, compañeros y funcionarios de su gobierno, tiene su efecto espejo o reflejo en el Ministerio Público, que a pesar de “independiente” y apolítico, imita la reacción del político presidente, solo que en este caso, como siempre, la soga se rompe por la parte fina, y la política esconde la mano luego de la pedrada que ensangrentó nuestras caras.
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