Por Alberto Olivares
Procurador Fiscal
La muerte de Jesús ordenada a través de un juicio que se produjo como parte del plan divino o profesía sirvió como mecanismo para hacer cumplir la misma.
Del análisis del juicio se extraen múltiples violaciones y muestra de ello es que se llegó a un dictamen con pruebas contradictorias, con testigos que al día de hoy desconocemos sus nombres y que resulta imposible en los tiempos actuales, ya que de la contradicción de la prueba surge la duda y ésta a su vez favorece al acusado.
Pero como no estamos ante un juicio propiamente dicho en el sentido estricto de la palabra que implica resguardar de garantías al procesado, más bien se trató de un juicio instrumentado para hacer cumplir la profecía.
Es por esto que Jesús tuvo que vivir en carne propia las miserias de los hombres, ser negado, castigado y torturado como si fuera un delincuente y finalmente crucificado y en medio de todo aquello incitado a salvarse a sí mismo como forma de desprecio a lo que representaba y profesaba.
Tuvo un juicio injusto, sin defenderse para vivir la injusticia humana. Pero como el juicio era parte de la profecía, Jesús siempre estuvo dispuesto a vivir todo aquello para redimir a la humanidad.
Fue un proceso con algunos elementos de un juicio como una acusación, un acusado y un juzgador en el caso de Pilatos y los juzgadores en el caso del sanedrín. Por tanto, es entendible que ese juicio siendo parte de la profecía tenía que ser breve lo que explica el porqué Jesús no tuvo defensa durante el juicio, cuando hablo de defensa me refiero a quien o quienes podían ejercer ese rol en esos tiempos (Los escribas).
Aunque en esos tiempos era común que los acusados actuaran en su propia defensa teniendo que responder a las acusaciones formuladas. En el caso de Jesús el silencio fue usado en su contra así como sus palabras.
También es necesario acotar que la decisión de crucificar a Jesús no fue el resultado de una subsunción de los hechos imputados con el derecho se trató de una decisión producto de presión política y social bajo chantaje y amenazas de disturbios.
Esta semana santa nos invita a reflexionar, a ser justos, a hacer el bien sin mirar a quién y a emular a Jesús en hechos y no en palabras.













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