“Adiós soberanía. Marcados por el narcotráfico, financiados, permeados, presos de confianza. Se cede el todo nacional para aparentar distancia, para manifestar genuflexión y comprar impunidad personal. El bien menor devino en mal mayor. ¿Nos venden o nos regalan? ¡Nos jodieron!” (Twit).
Alguien dijo que, de forma solapada, a condición de ser negado por ambas partes, se acordó con el gobierno del norte, ceder la soberanía a cambio de impunidad para funcionarios de primer orden que comprometieron su responsabilidad penal al aceptar dinero de narcotraficantes para financiar la campaña que los llevó al poder, y que algunos informes de observadores electorales dan cuenta que se abrieron los denominados puntos de drogas para intercambiarlos por votos en las elecciones presidenciales pasadas.
A cambio de espaldarazos por la lucha contra el narcotráfico que contrastan con la autoadmisión de haber sido financiados por el narco y con las extradiciones públicas y secretas de personeros del gobierno y del partido de gobierno.
Acudir al legislador, aparentemente maniatado por sus propios pecados, para que se expíen ambos en perjuicio del todo nacional y del todo dominicano es abominable.
Ya no hay país, ya no hay nación, ya no hay soberanía sino discursos manidos y posturas entreguistas, derrotistas, que cuan toda buena dictadura aumentan penas y limitan garantías en clara admisión de la incapacidad para dotar de felicidad a la población como remedio a la criminalidad y nuestros males.
Cuando ganaron elecciones perdimos todos, hasta ellos perdieron, porque llegaron con el sello de la bestia y demasiados hilos sensibles y lacerantes que los arrodillaría, y a sabiendas prefirieron ganar y pagar el precio que es perder.














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