Por: Valentín Medrano Peña.
“La comunidad jurídica debe aspirar a que la nueva Suprema Corte y el remozado Consejo del Poder Judicial desmonten la aceitada maquinaria de persecución de jueces que lastrea el principio de independencia. De lo contrario serán más de lo mismo y seguiremos esperando una Suprema”. (Twit)
El compromiso histórico de esta nueva Suprema Corte es hacernos olvidar con acciones correctas y justas a la anterior.
Se puede pasar por los puestos y ser más de lo mismo, o permitir que esa pequeña mecha encendida de deber y pundonor se haga flama incandescente y enorme que obligue a la impronta de hacer lo que es correcto y dejar un legado.
La vieja escuela nos deja un sistema languideciente que puso especial empeño en asesinar el principio de independencia y por ello tenemos uno de los Poderes Judiciales peor valorados del universo. De seguir ese curso, no hay esperanza ni futuro. Y por ende se requiere una reingenieria estructural, un cambio de rumbo.
Hasta aquí. Estas líneas fueron publicadas junto con el twit que le encabeza en fecha 6 de abril del año 2019.
Siete años han transcurrido desde entonces. Y debo decir que en menor medida, la Suprema Corte de Justicia que sale y el Consejo del Poder Judicial, disminuyeron las hostilidades y persecuciones de jueces, no obstante varios fueron segregados de la carrera, luego de un magnífico desempeño por tan solo decidir contrario a las expectativas del Ministerio Público o de intereses poderosos.
La independencia judicial jamás será tal mientras los jueces no disfruten de un caldo de cultivo en que sus decisiones estén afectadas y tamizadas por la presión de los superiores, la tensión y el miedo a decidir.
La sentencia así producidas parecen más un arreglo para orquesta sin afinación ni coordinación, la que solo puede dar la correcta motivación y la subsunción y sujeción de esta a la ley y los principios rectores de los procesos del ámbito jurídico de que se trate.
Cuando en 2019, días antes de la pandemia del COVID-19 pedía respeto para las decisiones jurisdiccionales, aminoramiento de los lastres que afectaban tal independencia y trato igualitario de las partes contrapuestas en el proceso, quedaba implícito que para que el poder judicial pudiera, de entrada, marginar a los jueces de un mecanismo de presión y observación que limitan al constitucional principio de independencia, que lo representa la Inspectoria del Poder Judicial, un SS, una gestapo (Geheime Staatspolizei), un Servicio de Inteligencia Militar (SIM) que espía y amedrenta jueces, que tensiona y presiona a decidir en una dirección y que, ayudado por fragilidad de la presunción de inocencia a lo interno, hace que muchos jueces se aferren más a su salario que a su obligación con la justicia, que es dar a cada quien lo que corresponde según las leyes.
Solo que, dar a cada quien lo que corresponde, aún sea justo, no siempre es bien visto por la “prudencia” de quienes han gobernado hasta el momento ese poder tan importante para la vida del todo nacional.
NOTICIA RELACIONADA:










Deja una respuesta